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El
término "hiperactividad" se utiliza para describir
a una clase de niños (posteriormente jóvenes y adultos) que
presentan un comportamiento especial, diferente de la mayoría,
a los que se considera "normales".
Hablar
de niño hiperactivo involucra a diversas definiciones y concepciones.
La denominación de Síndrome intenta dar cuenta de que se trata
de una problemática abarcativa. El manual de los trastornos
mentales DSM-IV considera
que dentro de los “Trastornos de inicio en la infancia, la
niñez o la adolescencia” se encuentran los “Trastornos por
déficit de atención y comportamiento perturbador” y dentro
de esta clasificación enumera distintas clasificaciones entre
las que se encuentran “el tipo con predominio hiperactivo
– impulsivo” y “el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad
no especificado”.
En
general el manual define la desatención cuando predomina que
un niño: No presenta atención a los detalles, o incurre en
errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo
o en otras actividades. Cuando tiene dificultades para mantener
la atención en tareas o actividades lúdicas. A menudo parece
no escuchar cuando se le habla, ni sigue las instrucciones
ni finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones, evitando
las actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido.
Es común que extravíe objetos y se distrae fácilmente por
estímulos irrelevantes.
La
hiperactividad la define cuando a menudo mueve en exceso manos
o pies, y presenta dificultades para mantenerse quieto en
un asiento, o para dedicarse tranquilamente a actividades
de ocio, también habla en exceso.
La
impulsividad la define cuando a menudo precipita respuestas
antes de haber sido completadas las preguntas, tiene dificultades
para guardar su turno y se inmiscuye o interrumpe las actividades
de otros.
El
manual aclara que deben existir pruebas claras de un deterioro
clínicamente significativo en la actividad social, académica
o laboral, no explicándose estos síntomas por otros trastornos
mentales.
Algunos
autores lo consideran un trastorno
de conducta, caracterizado básicamente por la imposibilidad
de mantener la atención en una situación durante un período
de tiempo razonablemente prolongado.
Como
suele mostrarse con mayor frecuencia en niños que en niñas,
se hipotetiza la posibilidad de las características culturales
como un factor determinante, debido a las diferencias culturales
de género. Por otra parte no se ha encontrado diferencias
físicas y los estudios cerebrales han encontrado un funcionamiento
absolutamente normal.
Otros
autores por el contrario descartan la posibilidad
de factores culturales, sociales o ambientales, y afirman
tajantemente que se debe a causales
biológicas, por lo que afirman que nadie deja de
ser una persona hiperactiva, sino que pueden aprender a vivir
con su Déficit Atencional y desenvolverse con eficacia social
y profesional en la vida. Para los adeptos a esta postura,
la ayuda medicamentosa, resulta imprescindible. Aunque las
controversias al respecto no parecen de poca importancia.
Algunas posturas las desaconsejan por los efectos adversos,
pero quienes las utilizan, afirman que bajo supervisión médica
no hay riesgos considerables. Es más, para la mayoría de los
casos, aconsejan continuar con medicación específica durante
la adolescencia e incluso durante la vida adulta.
En
este sentido cada vez se muestra más evidencia de que el ADHD
no surge del ambiente o del hogar, sino a raíz de causas biológicas.
No hay ninguna relación clara entre la vida del hogar y el
ADHD. No todos los niños de hogares inestables o disfuncionales
tienen ADHD. Y no todos los niños con ADHD provienen de familias
disfuncionales. Parece
que un nivel menor de actividad en algunas partes del cerebro
puede causar falta de atención.
Otras
posturas que no considerarían una entidad nosográfica aparte,
sino como una sintomatología fenomenológica.
Clínicamente
se observa una intensa actividad motriz que no parece justificarse
por la necesidad de hacer algo. La atención solo logra interés
durante períodos de tiempo muy breves, y una importante cuota
de impulsividad o falta de reflexividad, por lo que es común
que abandonen las actividades que realizan. Por lo tanto la
falta de atención termina generando atrasos generalizados
en su desarrollo: social, escolar, personal, etc.
Los
niños pueden controlar sus impulsos por breves períodos de
tiempo por lo que los reiterados castigos no logran mitigar
la problemática. De hecho, muchas motivos pueden producir
estos comportamientos. Hay que tener en cuenta que cualquier
cosa, desde miedo crónico hasta ataques leves, puede hacer
que un niño parezca ser demasiado activo, peleador, impulsivo
o distraído. Por ejemplo enfermedades, duelos, dificultades
de aprendizaje. En este sentido no hay que confundir con los
niños "hiperkinéticos", porque estos no son necesariamente
"hiperactivos". Incluso en muchos casos se observan
niños muy inquietos motrizmente, pero sin déficit de atención,
lo que haría necesario descartar todas estas consultas de
"hiperactividad falsa".
http://sic.uji.es/publ/cataleg/edu/tdah.html
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