Cuando
en salud mental se habla cuadros clínicos, o psicopatología
o de algún tipo de clasificación nosográfica,
se ponen de manifiesto las diferentes concepciones teóricas.
Ocurre
que las maneras de abordar la clínica difieren de
acuerdo a las maneras de conceptualizar a la psicopatología,
la salud, el sujeto, etc. Bajo esta perspectiva, una concepción
del sujeto dada, determinará una concepción
de la clínica. Es así que el campo “psi” es
tan amplio que no podría pensarse una unificación
que conforme a todas las ideas circulantes en la salud mental.
En
este sitio se parte de acatar cada uno de los criterios y
de respetar lo que cada autor sugiere no dejando nunca de
situar las fuentes de cada expresión. Es por ello que
aunque resulta un poco esquemático, los datos y las
publicaciones se inscriben en alguna de las articulaciones
teóricas con el fin de facilitar las búsquedas
y de generar corrientes de interés entre los consultantes
que navegan el sitio.
Entre
los intentos clasificatorios más conocidos y utilizados
se pueden considerar por ejemplo El “Manual diagnóstico
y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición
(DSM-IV). Quizás el más difundido internacionalmente
y el mayor intento de llegar a generalizar los criterios.
Pero a su vez resulta muy criticado, como por ejemplo al fomentar
la denominación de “trastorno” como nominación
de entidades clínicas, lo que concentra el riesgo de
eliminar en los hechos la idea de “estructura subjetiva”,
como lo plantearían las lecturas psicoanalíticas
que plantean una división a partir de tres grandes
estructuraciones subjetivas tales como neurosis, psicosis
y perversión. No se debe dejar de citar algunas conceptualizaciones
que rechazan cualquier tipo de estas clasificaciones, o que
se proponen trabajar con otras articulaciones conceptuales
o teóricas (sistemas, comportamientos, aprendizajes,
etc). Para terminar esta introducción, no se puede
dejar de mencionar el sistema de codificación utilizado
principalmente en el continente europeo: “Clasificación
Internacional de Enfermedades (décima edición)”
(CIE-10), entre otras posibles clasificaciones.
El
tema resulta inagotable, porque sobre cada clasificación
existen debates, consideraciones y nuevas y permanentes propuestas.
Se
transcribe a continuación parte de la advertencia utilizada
al comienzo del manual DSM-IV: “Los criterios diagnósticos
específicos (...) son directrices (...) puesto que
se ha comprobado que su uso aumenta el entendimiento entre
clínicos e investigadores (...) con el fin que (...)
puedan intercambiar información (...).”
La
lista de entidades clínicas, trastornos, estructuras,
o psicopatologías, que se expone en ClinicaPsi.com
son los diagnósticos más frecuentes utilizados
por profesionales pero por sobre todo que existen en el lenguaje
popular de las personas. Estas listas implican pueden no coincidir
siempre con los cuadros nosográficos preestablecidos,
pero no pueden dejar de citarse porque se constituyen en referencias
populares para las búsquedas, son utilizados mediante
expresiones corrientes de las personas, convirtiéndose
en una orientación para que el usuario navegue, se
informe y se interese, y que los profesionales busquen puntos
empíricos comunes.
|