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Los problemas
de aprendizaje son mucho más comunes de lo que se piensa habitualmente.
Mas allá de los diferentes enfoques, se parte de que algo
no anda según lo esperado, por lo cual se llega a una consulta.
El fenómeno educativo entonces puede ser leído desde diferentes
discursos (psicología, pedagogía, sociología, antropología,
historia, etc.) Y desde donde se piense la problemática determinará
el tipo de abordaje. Que un niño o un adulto presenten dificultades
en el aprender puede llevar a rápidas y erráticas soluciones,
tales como “expulsar” de una u otra manera, a todos aquellos
que marcan las fisuras de un sistema dado. Por ejemplo separando
de los sistemas educativos formales a aquellas personas etiquetadas
como problemáticas, con un comportamiento diferente del esperado
o con una toma de conocimientos inferior, superior, o desigual
a la media estadística.
Otra solución
errática pero ampliamente difundida, es cuando se suelen buscar
los mejores elementos pedagógicos para estudiar, suponiendo
que la sola presencia de una persona frente al material de
estudio “adecuado”, o el docente “correcto”, la constancia
o la repetición, bastarán por si solas para llevar adelante
un proceso educativo. De esta manera se suele perder de vista
que frente a los pedidos de recetas milagrosas, de técnicas
para aprender mejor, o de las mejores pedagogías para optimizar
la captación educativa, se esconde la demanda de resolución
del malestar que un sujeto produce.
De esta
manera se tiende a simplificar el tema poniendo la “culpa”
de las dificultades educativas en un lugar no comprometido,
alejado así cualquier déficit ya sea individual (en los genes,
la herencia o la naturaleza) o pedagógico (educadores, métodos
de enseñanza).
Es común
entonces enmarcar un conflicto como cognitivo, es decir en
la búsqueda de las maneras más facilitadoras para aprender.
El enfoque cognitivo intenta determinar sin dudas cual es
la problemática, por ejemplo las matemáticas o la ortografía.
Pero no se trata de encontrar la falla. Si el problema se
centra en un niño o en la metodología, se obtura así la posibilidad
de preguntarse por los modos de aparición de los problemas
educativos. Por ejemplo ¿porqué se comete reiteradamente un
mismo error? ¿Por qué aparecen conflictos frente a determinados
hechos? ¿Qué dice un niño de su no aprender? ¿Qué dice un
padre o un docente del no aprender del niño?.
De esta
manera se plantea el abrir la brecha discursiva, romper el
enfoque centrado solo en el conocimiento (donde el conocer
remite a procesar datos, recordar, olvidar, aprender); y abrir
la mirada hacia las modalidades de cómo un sujeto aprende
o no. Porque el saber va más allá del mero conocimiento, sino
que implica referirse no a una persona, sino a un saber sobre
los discursos que circulan.
El DSM-IV
describe el llamado “Trastorno por déficit de atención y comportamiento
perturbador”, y dentro de esta clasificación mayor considera
una lista de trastornos como ser: el “trastorno por déficit
de atención con hiperactividad (desatención, hiperactividad,
impulsividad); el “trastorno por déficit de atención con hiperactividad
no especificado”; el “trastorno disocial”; o el “trastorno
negativista desafiante”.
Terapia sistémica
y los niños
El enfoque
sistémico se ocupa de la dinámica de las relaciones humanas,
y específicamente de la organización familiar. Se parte de
un sujeto que al concurrir a una consulta, expresa diferentes
aspectos en muchos lenguajes diferentes. El niño expresa la
trama familiar y la historia de cada familia, y en cada familia
hay versiones dominantes de la historia y el acontecer familiar.
El terapeuta sistémico trabaja con estas versiones dominantes
como también con otras versiones alternativas que circulan
en cada sistema. Frente a las constantes modificaciones en
la estructura familiar, se requiere de permanentes acomodamientos,
nuevas crisis que suelen ser conflictivas, generándose nudos
problemáticos (síntomas). El niño intenta transformarse en
esos cambios, y esto solo lo logrará en el contexto familiar
o social al cual pertenece. Se intenta romper con lo estereotipado
y lo rígido dentro de un sistema permitiendo nuevas formas
de acomodamiento de cada uno de sus miembros.
Es importante
considerar en que diferentes sistemas y contextos, dentro
de que legalidades está incluida una familia, y como se relaciona
esa familia con esas propias concepciones. Ocurre que toda
organización busca su estabilidad mediante diversos procesos.
Y desde esta estabilidad sobreviene el caos, el desorden,
que no es más que el principio de un nuevo ordenamiento diferente,
que seguramente será un nuevo estado con mayor experiencia
y de mayor complejidad. Un niño, por su pertenencia a un sistema
familiar y por estar en crecimiento, representa una persona
en permanente evolución, provocadora de crisis y reordenamientos.
La intervención psicológica deberá orientarse en ese camino.
(link hacia Educativo y sistémico)
Educativo
y sistémico
Cuando
por ejemplo un niño presenta dificultades en el ámbito educativo,
existe la tendencia a centralizar la problemática en ese niño,
o en la persona que no aprende, descuidando la idea básica
de que un miembro de un sistema se encuentra relacionado directamente
con él. ¿Qué significa para una familia la relación con la
escuela?,¿Qué implicancias posee que un niño tenga problemas
o se porte mal?. Lo que se dice de un niño entonces estará
en referencia a un contexto dado pero será diferente en otra
contextualización. Es importante considerar en que diferentes
sistemas y contextos, dentro de que legalidades está incluida
una familia, y como se relaciona esa familia con esas propias
concepciones. Por ejemplo en la comunidad educativa, existe
un sistema educativo, con articulaciones diferenciadas del
sistema familiar. Así puede darse infinidad de grupos, etnias,
costumbres, barrios, zonas, tribus, etc. Que constituyen sistemas
y subsistemas. De esta manera se debe prestar atención a los
contextos, familiar, escolar, lo que se pide, se exige. Por
lo que más allá de las buenas intenciones, nadie escapa a
una dinámica preexistente, tanto los educadores como la familia
tendrán expectativas sobre una persona que aprende, que estarán
relacionadas con los propios contextos, de esta manera la
institución educativa dependerá de regulaciones, obligaciones,
formalizaciones, reglamentaciones, etc. Ocurre que toda organización
busca su estabilidad mediante diversos procesos. Y desde esta
estabilidad sobreviene el caos, el desorden, que no es más
que el principio de un nuevo ordenamiento diferente, que seguramente
será un nuevo estado con mayor experiencia y de mayor complejidad.
Por lo tanto esto implica una idea de salud que incluye el
desorden. Porque se suscitan diferentes enfoques que el terapeuta
no debe dejar de tener en cuenta, por ejemplo los dichos de
un médico, de un docente o un familiar no tienen porque coincidir,
porque no importa cual es la idea de mayor veracidad, sino
que se pueda producir otro tipo de relacionarse.
El Psicoanálisis
y los niños
Cuando
se piensa la problemática relacionada a los niños, se parte
de la constitución de un sujeto en relación al significante.
Desde esta lógica cuando se trata de pensar en el trabajo
psicoanalítico con niños, se parte de la idea que la constitución
subjetiva ocurre tanto para niños como para adultos, por lo
tanto no se podría dividir la clínica entre niños o adultos.
No se podría ser psicoanalista “de” niños, sino que se podría
mencionar la especificidad de trabajar “con” niños (sus tiempos,
recursos, características) etc.
La lógica
psicoanalítica supone a un sujeto constituirse en el campo
del Otro (con mayúsculas). Por lo tanto la trama significante
está ligada a un discurso que precede y determina a un niño,
la historia familiar, social, la historia, las creencias,
etc. Si es que el niño puede situarse como síntoma de la pareja
de los padres, como se ubica en el fantasma materno, como
ocupa o desocupa un lugar fálico. Así los padecimientos infantiles
están en relación a lo estructural, y es trabajo de análisis
trabajarlos, construirlos en relación a un circuito pulsional
y fantasmático (por ejemplo: se hace pegar, se hace mirar).
Por lo tanto es necesario despegarse de la idea de un sujeto
dado y finalizado al cual hay que “curar” de algo, sino que
se piensa en una articulación significante y estructural,
y como es que un infante puede articular una posible pero
necesaria pérdida fálica, en el sentido de se encuentre
con la ausencia materna, con el vacío del Otro. El análisis
permitirá realizar las operaciones lógicas para acotar el
deslizamiento metonímico del sujeto bajo el significado dado
por el Otro, y así llegar a sostener un fantasma relacionado
pero diferenciado de la fantasmática parental.
La trama educativa y el psicoanálisis
El enfoque
psicoanalítico se centra en los discursos que operan en relación
al niño, entre ellos “la trama educativa”, ya que en los hechos
no hay un saber instintivo y dado, sino que la presencia del
Otro es requerida para aprender.
El conocer
remite a procesar datos, recordar, olvidar, aprender. Pero
el saber va más allá del mero conocimiento. El saber implica
referirse a los discursos que circulan, remite a la trama
deseante y a la estructura del inconsciente.
El psicoanálisis
apunta a develar la verdad sobre un sujeto, no una verdad
fija, sino un saber que no es soportado por una persona, sino
por el decir mismo de los enunciados que circulan. Soportar
esta circulación permite conceptuar que el saber no pertenece
a nadie, sino que aparece como devenir, en tanto producto.
Si el niño no aprende, entonces algo dice con su no aprender.
Según el
psicoanálisis un sujeto es lo que representa a un significante
para otro significante, es decir que un sujeto es producido
en ese espacio de significación.
Por otro
lado para que haya educación debe haber un sujeto que la soporte
¿desde dónde un sujeto constituye un saber?.
Se parte
de la idea que no hay nociones innatas, sino que estas se
constituyen, y se sabe a su vez que estas ideas solo se formarán
en relación a la trama deseante subjetiva y a lo que los otros
se propongan.
Se debe
abordar el lugar de un niño en su familia, lo que se espera
de él, lo que se dice de él. El infante tiene teorías, concepciones,
representaciones, y estas no se constituyen desde las percepciones
sino desde el posicionamiento que ocupa como sujeto frente
a Otro.
Es clave
para el proceso educativo la operatoria de la llamada función
paterna, sus déficit, y sus fallas. Se parte de la base que
los problemas de aprendizaje están en relación directa al
modo de inscripción de la castración simbólica. Ocurre que
no hay posibilidad de investigar o de aprender si no se produce
alguna fisura en la dupla madre fálica hijo narcisista. El
niño necesita inscribir una falta en el Otro. En la educación
no se trata de un otro que sabe todo, sino otro que no sabe
todo.
Es necesario
trabajar la herida narcisística de los padres al conocerse
una falla en su hijo, algo no esperado que muestra que o en
algún adulto o en el niño algo no anda.
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