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La
pérdida del deseo sexual es considerada por el manual de trastornos
mentales DSM-IV dentro de los “trastornos sexuales y de la
identidad sexual”, como “trastornos del deseo sexual”. Se
enumera así el trastorno llamado: “Deseo sexual hipoactivo”,
considerado como la disminución o ausencia de fantasías o
deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente.
El trastorno provoca un malestar acusado o dificultades de
relación interpersonal, y no se explica mejor por la presencia
de otro trastorno, ni se debe a los efectos de una sustancia
o a una enfermedad médica.
También
podría enmarcarse la pérdida del deseo sexual en los “trastornos
de la excitación sexual”.
Cuando
siempre ha existido un bajo deseo sexual se lo considera un
problema "primario", y es "secundario"
cuando no siempre ha ocurrido. Aún así, hay permanentes variaciones,
por ejemplo aquellas mujeres que experimentan una falta total
de interés en el sexo, pero responden a los estímulos de la
pareja y consiguen excitarse, hasta las que rechazan la relación
sexual. En la mujer aparece como la disfunción más común.
Existe
un conocido dicho médico: La función hace al órgano. En este
sentido cabe señalar que cuando por algún motivo la actividad
sexual no es estimulada ni ejercitada, suele retrotaerse el
deseo. En este sentido, la pérdida del deseo sexual, suele
aparejar una mayor pérdida, por lo que el circuito se fortalece.
Desde
una perspectiva psicoanalítica, cabe la interrogación por
los aspectos singulares de esta pérdida del deseo, por ejemplo
cuando una estructuración subjetiva al modo de la histeria,
permite suponer el deseo no en una linealidad genital (hacer
el amor o masturbarse) sino en torno a la generación del deseo
de desear (propio de la estructuración al modo histérico).
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