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La
denominación de neurosis obsesiva, es clave correctamente
utilizada, aunque el manual diagnóstico de los trastornos
mentales (DSM-IV), no
la considera como una entidad aparte sino que la enumera dentro
de los “trastornos de ansiedad”, y allí se encuentra enmarcado
el llamado “Trastorno obsesivo – compulsivo”. En el cual se
presentan obsesiones y compulsiones que son reconocidas
por las personas como excesivas e irracionales provocando
un malestar clínicamente significativo e interfiriendo con
la rutina del individuo, sus relaciones laborales (o académicas)
o su vida social. El manual indica determinar si hay poca
conciencia del trastorno (la mayor parte del tiempo no reconoce
lo excesivo e irracional). El manual indica que las
obsesiones se definen por pensamientos, impulsos e imágenes
recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusos
e inapropiadados y causan ansiedad o malestar significativos.
Estas situaciones no se reducen a simples preocupaciones excesivas,
sino que la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos,
impulsos e imágenes o bien intenta neutralizarlos mediante
otros pensamientos o actos, porque reconoce que son producto
de su mente. Las
compulsiones en cambio se definen por comportamientos (por
ejemplo el lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones)
o actos mentales (por ejemplo rezar, contar, o repetir palabras)
de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a
realizar para reducir el malestar o prevenir algún acontecimiento
no relacionado directamente.
Para
el psicoanálisis la disquisición nosográfica se
centra en tres grandes estructuraciones, neurosis, psicosis
y perversión. Dentro de la neurosis se concentra la división
de histeria, neurosis obsesiva, y para algunas posturas se
incluiría también la fobia (para otras no). El psicoanálisis
no se basa en la descripción de una serie de síntomas sino
sino una estructura clínica relacionada con la encarnación
de la pregunta estructural por la propia excistencia.
La
manera de posicionarse en la neurosis depende del posicionamiento
subjetivo devenido a partir de la inscripción simbólica del
significante fálico. En este sentido un sujeto podría no presentar
las descripciones fenomenológicas descriptas en los manuales
y sin embargo mostrarse al modo obsesivo desde el punto de
vista estructural. Al trabajarse la obsesión en el campo de
las neurosis, aparece como un modo de posicionamiento. Freud
definió a la neurosis obsesiva como un dialecto de la histeria.
Siguiendo
los planteos de J. Lacan, las estructuras básicas dependen
de una relación simbólica en la dialéctica también simbólica
del paso edípico del ser al tener. Cobra importancia el significante
en relación a la falta y la completud del Otro (significante
fálico). Planteado así, se parte de momentos lógicos cruciales
y determinantes en la constitución del sujeto, y de diferentes
maneras según las cuales un sujeto se relaciona o no con lo
simbólico de estas apreciaciones. Así cobra importancia
la posible intervención del significante llamado paterno (no
del padre real) y su intervención en la dialéctica.
En
este sentido los tres grandes caminos posibles:
En
la neurosis se reprime la significación primordial, reservándose
entonces el término utilizado por Freud característico de
la estructuración neurótica Verdrängung (Represión). Esta
estructura esta Basada en inscripción de la función significante
como punto de origen. La neurosis se describe en relación
a la función simbólica relacionada con la instancia de demarcación
de una legalidad en relación a la triangulación edípica (significante
nombre del padre).
la
neurosis encarna estructuralmente la dinámica de una pregunta,
pregunta sin una respuesta definitiva que no posee respuesta
psíquica en relación al significante. Al modo de la histeria
relacionada con la identidad sexual (¿soy hombre o mujer?
o ¿qué es ser una mujer?); al modo obsesivo relacionada
con la contingencia de la propia existencia (¿quién soy?,
¿qué soy?, ¿estoy vivo o muerto?, ¿por qué existo? o ¿soy
o no soy?).
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